Mejorar en los kata

Aunque en el apartado de consideraciones sobre los kata que aparece en esta misma sección ya hemos aludido a algunos de los aspectos relacionados con la forma de mejorar en su práctica, es conveniente profundizar un poco más en este apartado. Funakoshi Sensei afirmaba que “el kata es el alma del karate”; hagámosle caso.

Las consideraciones que siguen han sido recopiladas de internet pero, si bien todas están relacionadas entre sí buscando un objetivo común, mejorar la ejecución y el conocimiento de los katas, han sido clasificadas en puntos independientes, a veces redundantes. He preferido que fuese así ya que he ampliado cada apartado tomando notas de otras webs, de libros, de algunos foros y lo he complementado con la información de aquí y de allá que he creído oportuna. En algunos casos podréis notar cierta exageración en alguna afirmación, como en “un kata, una vida”, forma de pensar en desuso que hace referencia a la antaño costumbre habitual entre los maestros de practicar un único kata durante toda su vida. En cualquier caso, me ha parecido adecuado incluir estos aspectos y aquí está el resultado.

I – No deformar el kata

El primer aspecto a tener en cuenta y al que se debe prestar especial atención es que el kata debe practicarse sin deformación alguna con respecto a la versión original. Muchos principiantes transforman la técnica original del kata creyendo erróneamente que, deformando el gesto original, obtendrán mayores beneficios en la aplicación real.

Aquí interviene la diferenciación entre kata y bunkai; mientras en un kata se buscan múltiples efectos, como el fortalecimiento muscular –de ahí las posiciones bajas- y el perfeccionamiento técnico, en el bunkai prima la efectividad real de la técnica, en muchos casos, técnicas, derivadas del gesto efectuado en el kata. Conociendo ambos aspectos, kata y bunkai, lo simbólico y lo real, y practicándolos conjuntamente, se hará más patente el sentido o aplicación de cada técnica del kata.

II - Consejos prácticos para una mejor ejecución del kata

Guardar las formas. En el Karate el respeto es fundamental, y se demuestra a los compañeros de Dojo y al Sensei a través del preceptivo saludo. Éste, cuando se trata de ejecutar un kata, debe hacerse tanto antes de entrar en el tatami –se supone un saludo general, a todo el Dojo- como justo antes de comenzar la ejecución del kata –en este caso, va dedicado al Sensei-. A continuación de este segundo saludo el karateka debe pronunciar alto y claro el nombre del kata que va a realizar. El tono elevado y seco dará realismo al kata, hará ver que lo que sigue va en serio y pondrá de manifiesto el espíritu de lucha. Los dos o tres segundos que siguen al saludo deben aprovecharse para vaciar (kara) la mente y librarse de todo pensamiento que no sea la ejecución del kata.

El realismo. Dado que el kata es un enfrentamiento contra varios oponentes imaginarios, durante la ejecución se debe buscar el máximo realismo posible. Por ello, los movimientos deben llevar un ritmo adecuado y aspectos como la mirada –Chakugan- cobran especial importancia: la mirada debe ser intensa, no ofuscada, y enfocarse directamente a la cara de nuestro supuesto rival antes de iniciar la técnica correspondiente, transmitiendo el espíritu de guerrero que cada uno lleva dentro.

También es importante llevar el ritmo correcto. Cada kata es una sucesión de técnicas de ataque y defensa que deben realizarse en la secuencia adecuada y con un «tempo» y un ritmo determinados. Así, en los kata básicos de cualquier estilo, por poner un ejemplo, tras cada línea de ejecución debe realizarse una breve pausa (dos segundos más o menos), la cual permitirá recuperarse levemente del esfuerzo realizado previamente y dará un aspecto más real al kata, al evitar que quien lo ejecuta pase atropelladamente por él, restándole toda efectividad y espíritu marcial.

Íntimamente relacionado con el realismo que el karateka imprime a su kata está el concepto de kiai, la liberación de la energía interna en el momento del impacto por medio de un grito que proporciona a quien lo ejecuta mayor tensión muscular y la ventaja psicológica derivada del efecto intimidatorio que el grito causa en el oponente. El kiai, que debe partir siempre del estómago y no de la garganta, es el estigma del kata, su marca definitoria; el kata está vivo, es el alma del karate, pero, sin el kiai, su esencia desaparece y el kata se convierte en una mera coreografía de técnicas ejecutadas con mayor o menor acierto. El sentido del karate es la búsqueda de la técnica definitiva y, de entre éstas, la marcada –o las marcadas- en el kata con un kiai son las más importantes. Olvidarse un kiai en un kata es olvidar que se hace karate, aunque hay estilos que optan por obviar el kiai en algunos de sus kata.

Conocimiento. De poco servirá un profundo conocimiento de los preámbulos que deben introducir un kata y de la forma de imprimirle realismo si el conocimiento del kata, de sus posiciones y de sus técnicas, no es profundo. El kata, además de los beneficios que aporta en la formación del carácter y del espíritu de lucha y de sacrificio, busca que su practicante se ejercite, se fortalezca y adquiera una serie de destrezas que le sirvan para afrontar situaciones de enfrentamiento real. Pero, frente a estas situaciones reales siempre cambiantes, que exigen del practicante una gran versatilidad y capacidad de adaptación, el kata debe permanecer invariable a lo largo del tiempo; los antiguos maestros han demostrado su valor en años de enfrentamientos y de guerras y nadie debe modificar lo que, se sabe, es eficaz. Aunque tal eficacia ha de buscarse más allá del kata, siendo éste únicamente la base de la pirámide sobre la que se sustenta la formación integral del karateka.

La respuesta a nuestras inquietudes está en el bunkai o aplicación correcta en situación real de cada una de las técnicas del kata. Sólo entrenando el bunkai a sus tres niveles -shoden u omote, chuden y okuden- llegaremos a una comprensión correcta de cada técnica y, por tanto, sólo así podremos aplicarla correctamente en la vida real, teniendo en cuenta, además, que, generalmente, a una misma técnica corresponden varios bunkai posibles.

Alerta. El de Zanshin es un concepto primordial para el practicante de karate. Implica la necesidad de estar alerta, listo y dispuesto para la acción, sin dar opción a ningún posible despiste. En el kata, tras la última técnica, debe haber una pausa de dos o tres segundos antes de volver a la posición inicial; adoptada ésta, el karateka no debe relajarse en absoluto: ha de permanecer alerta, en tensión contenida, al acecho… Si alguien se relaja por completo tras rematar el kata demostrará no haber captado la esencia del karate.

Divide y vencerás. Cada kata consta de cierto número de técnicas; los básicos incluyen cerca de veinte movimientos cada uno, mientras que algunos kata superiores superan las cien técnicas –como Suparimpei, por ejemplo-. Es por ello que aprenderse el kata completo de una sentada es sólo productivo para lograr memorizarlo, conocer su embusen y la secuencia correcta de movimientos. Pero el kata es mucho más que eso, requiere un conocimiento mucho más profundo y cada técnica debe tener finalidad en sí misma y debe ser ejecutada con la máxima precisión y efectividad posibles. ¿Cómo conseguirlo? Dividiendo el kata en partes y entrenándolas por separado. De esta forma, podemos realizar el kata por líneas de ataque o incluso por grupos de técnicas consecutivas, para unirlas finalmente en un todo que dará cuerpo al kata.

Ritmos y niveles de tensión. Para lograr el máximo beneficio del entrenamiento de los kata podemos entrenarlos de diferentes formas, con diferentes niveles de tensión y a distintas velocidades.

- Movimientos fluidos, suaves y rápidos, sin tensión. Es la forma ideal para las primeras repeticiones de cada kata, como modo de calentamiento.
- Movimientos potentes, uno a uno. - Kata al estilo del Tai Chi. Un buen recurso para el entrenamiento de los katas puede ser realizar éstos sin kime, sin tensión alguna en ningún movimiento o técnica, al estilo del tai chi. Puede ayudar a perfeccionar el recorrido de las técnicas y a pulir detalles de posición.

Respiración. La respiración es fundamental en cualquier actividad física, pero aún más en el karate, dada la importancia que tiene en la movilización de la energía interna (chi para los chinos; ki para los japoneses). Sólo con una correcta manipulación de la energía interna se logra efectividad en los movimientos y economía de esfuerzos, indispensable para llegar fresco a la fase final de cada kata. Una respiración correcta influye en el cuerpo y en la mente. Las sensaciones de estrés, miedo y ansiedad pueden ser evitadas con un correcto control de la respiración, lo que ayudará a canalizar la energía en la realización del kata. Hay dos tipos fundamentales de respiración en un kata: ibuki y nogare. La primera es explosiva y se utiliza en la aplicación de técnicas defensivas y ofensivas contundentes y rápidas; la segunda, propia de los estilos internos derivados del Naha Te, es profunda y lenta, característica del kata Sanchin.

Otros aspectos La visualización es una de las técnicas de entrenamiento psicológico más utilizadas por los atletas de élite de cualquier especialidad deportiva. Los practicantes de karate también pueden beneficiarse de las ventajas que aporta esta técnica de meditación practicando mentalmente los movimientos que componen el kata. En el bus, en el metro, en el ascensor, en la cama antes de dormir… cualquiera puede ser el lugar ideal para que las neuronas se pongan a trabajar. Sólo podremos afrontar con éxito una tarea si somos capaces de visualizarla, y es por ello que, para realizar el kata perfecto hay que creérselo, y no hay mejor forma de hacerlo que verse a uno mismo ejecutando un kata con total perfección.

La tensión muscular debe ser la correcta en cada fase de cada gesto técnico ejecutado durante el kata. Así, en una técnica de puño (por ejemplo, seiken tsuki), el brazo y el hombro deben permanecer relajados hasta justo el momento antes del impacto, sin tensiones innecesarias que ralenticen o entorpezcan el movimiento. Con ello se ahorra energía y se consiguen movimientos más vistosos, fluidos y eficaces. Sólo con la práctica y la repetición constante se obtiene este dominio.

III Secuencia en el aprendizaje de las katas

Hay cuatro fases en el aprendizaje de un kata. Son las siguientes:

1. Aprender la secuencia de movimientos y el embusen. Es fundamental y por ahí hay que empezar. En este caso, hay que fijarse en que el embusen sea correcto, realizando los movimientos diagonales en la dirección adecuada. La práctica y las repeticiones constantes son la forma de mejorar en esta primera fase del aprendizaje.

2. Aprender el ritmo del kata. Esto resulta esencial pues, de no saber aplicar el «tempo» correcto en las técnicas, éstas no tendrán validez alguna en una posible confrontación real.

3. Dar realismo al kata, visualizando a los oponentes. Hay que mirar donde se golpea, imaginarse que a uno le atacan para que se pueda defender con efectividad y mantener una mirada alerta, de serenidad pero con espíritu de lucha; como ya hemos dicho antes, los ojos deben transmitir el espíritu guerrero que se lleva dentro.

4. Llegar a ser uno con el kata. Sólo con la práctica constante y consciente, sin distracciones, uno llega a fundirse con el kata, a hacerlo suyo, a apropiarse de él y a conocerlo en profundidad. En tiempos pasados, allá donde se gestó el karate, en Okinawa, había practicantes que consagraban su vida a la práctica de un solo kata; alcanzada la perfección en él, se llegaba a un conocimiento mucho más profundo del arte que con los actuales métodos de enseñanza, en los que prevalece lo cuantitativo sobre lo cualitativo y el número de kata aprendidos por un alumno –aunque sea de modo superficial- se utiliza como indicativo de su nivel como karateka. Muchas son las alusiones de los grandes maestros a estos sistemas de entrenamiento antiguos en los que un karateka podía dedicar, sin llegar al extremo que hemos descrito anteriormente, hasta tres años al aprendizaje de un único kata, pasando al siguiente sólo cuando el anterior está perfectamente asimilado. Se puede Consultar el libro de Funakoshi Gichin, «Karate do: Mi camino», para obtener una visión más amplia de este asunto.

Texto y fotos: Gaspar J. Barrón

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