Terapias

PARALELAMENTE A LA EVOLUCIÓN DE LA CIENCIA DEL DEPORTE, CADA VEZ SE VAN HACIENDO MÁS POPULARES LAS TÉCNICAS QUE FACILITAN LA RECUPERACIÓN DEL DEPORTISTA TRAS UNA LESIÓN, UN DURO ENTRENAMIENTO O UNA COMPETICIÓN.

En los últimos años los avances en medicina deportiva han experimentado, al igual que la ciencia del deporte en general, un auge importante. En el terreno de la rehabilitación y la recuperación post esfuerzo, la fisioterapia ha cobrado una relevancia inusitada hasta tal punto que, dentro del programa de preparación de cualquier deportista de élite, técnicas fisioterapéuticas como el masaje, la crioterapia, y los vendajes funcionales, cobran un elevado protagonismo. En este artículo vamos a enumerar las principales técnicas que, aplicadas al deportista cuando éste se encuentra lesionado o fatigado por un entrenamiento excesivo, pueden ayudarle a una pronta recuperación y, por lo tanto, a mejorar su rendimiento, y empezaremos por el masaje, tal vez la medida regenerativa más extendida y más al alcance de la mayoría de vosotros.

El masaje deportivo

Cuando un músculo duele, espontáneamente uno lo toca e intenta, en la medida en que es posible, aliviar su dolor; este gesto es una forma de masaje rudimentario que ha ido evolucionando hasta alcanzar, en la actualidad, el rango de técnica fisioterapéutica, indicada no sólo para los deportistas sino también para la gente sedentaria gracias a sus propiedades relajantes y anti-estrés.

En el caso del deporte, el masaje puede ser aplicado con varias finalidades –fundamentalmente, como medida recuperatoria y de preparación para la actividad–, requiriendo cada una de ellas una técnica específica de intervención, y su aplicación genera no pocas consecuencias positivas en el organismo: activación de la circulación sanguínea; acción sedante sobre las terminaciones nerviosas que originan la percepción de dolor, lo que contribuye a un efecto analgésico; mejora del tono muscular; reducción de la inflamación causada por pérdida de líquido articular –un masaje aplicado correctamente en esta zona favorecerá la reabsorción del líquido responsable de la hinchazón–; aceleración de los procesos de metabolización y expulsión de los residuos tóxicos…

Según el momento en que es aplicado, el masaje puede ser de precompetición o regenerativo –posterior a la competición, el más frecuente–. El masaje previo a la actividad física, como norma general, dura unos diez minutos, se aplica preferentemente sobre los grupos musculares que van a estar directamente implicados en la actividad física a realizar, predispone al cuerpo para realizar esfuerzos de cierta intensidad movilizando los recursos energéticos de los músculos, y nunca ha de sustituir al calentamiento en sí, sino que lo complementa. Las fricciones enérgicas y rápidas, seguidas de amasamientos superficiales y rápidos que preceden a un calentamiento más específico deberían resultar suficientes para notar los efectos beneficiosos de un masaje previo a la competición.

Pero, ¿qué ocurre al acabar de competir? Que el cuerpo necesita regenerarse cuanto antes, y aquí, de nuevo, interviene el masaje, en este caso, restaurativo, de cara a prevenir posibles dolores musculares e incluso las temibles contracturas. Ha de durar unos veinte minutos y debe aplicarse siempre en dirección al corazón para facilitar el retorno venoso. Las fricciones suaves son un buen comienzo para este tipo de masaje, seguidas de amasamientos de intensidad progresiva, siempre evitando el dolor en la zona por exceso de presión en los movimientos y culminando la sesión con unos estiramientos suaves que dejarán el cuerpo predispuesto para la sesión siguiente.

Contraindicaciones del masaje

Pero pese a sus múltiples ventajas, el masaje no siempre resulta recomendable. Los estados febriles, las enfermedades hemorrágicas y cardiovasculares, así como las enfermedades que generan algún tipo de debilidad ósea hacen desaconsejable el masaje, del mismo modo que ocurre cuando la aplicación de esta técnica genera un dolor intenso o cuando hay lesiones recientes en la zona que deseemos masajear –roturas fibrilares o ligamentosas y hematomas–.

El denominado trabajo compensatorio, es decir, aquél que pone en marcha, durante las épocas no competitivas, a la musculatura menos empleada en el deporte practicado, resulta muy importante. Este trabajo, realizado generalmente en gimnasio, permitirá un óptimo equilibrio entre todos los grupos musculares del cuerpo y evitará lesiones y molestias físicas.

Otras terapias

Electroestimulación: utilizado sobre todo por los deportistas en períodos de inactividad forzosa causados por una lesión, consiste en el empleo de corrientes eléctricas de baja o media frecuencia que provocan una contracción muscular involuntaria inducida por dicha corriente. Esto evita parcialmente la pérdida de tono muscular asociada a la inactividad.

Ultrasonidos/láser/onda corta: los ultrasonidos tienen una extensa aplicación en medicina y consisten en la administración de vibraciones mecánicas invisibles –o sea, ultrasonidos– sobre la parte lesionada, logrando así que a la zona afectada llegue un mayor flujo sanguíneo que favorece su recuperación y evitando la formación de adherencias que retardarían el proceso de recuperación. En los casos de roturas fibrilares fuertes, suele recurrirse al empleo del láser, cuyos efectos cicatrizantes ayudarán a una pronta recuperación. Los tratamientos a base de ondas de calor –u onda corta– persiguen el mismo fin que los ultrasonidos y el láser, quedando a juicio del profesional la conveniencia de utilización de uno u otro método.

Reflexología podal: cada vez más extendida entre los profesionales de las terapias manuales, esta técnica consiste en considerar la planta del pie como un mapa a escala del organismo humano sobre el que se puede actuar por medio de manipulaciones diversas. Cada punto de la planta tiene una parte del cuerpo asociada, y mediante su manipulación se puede poner fin a diferentes dolencias asociadas o no con la práctica deportiva.

Vendajes funcionales: un vendaje recibe el calificativo de funcional cuando imposibilita la realización de movimientos dolorosos o lesivos y permite, sin embargo, la realización de otros gestos que en absoluto producen alguna sensación de molestia o dolor en el deportista.

Crioterapia y termoterapia: la terapia del calor y el frío resulta tan efectiva como fácil de utilizar. Las consecuencias del frío –vasoconstricción– y del calor –vasodilatación–, combinadas en baños de contraste, permiten una mayor afluencia de sangre a la zona afectada y, por consiguiente, una mejor capacidad de recuperación.

Estiramientos: aunque deben constituir una parte esencial de todo programa de preparación física, los estiramientos –que pueden ser asistidos, es decir, se pueden realizar con la ayuda del terapeuta– ayudan, además, en procesos de recuperación de lesiones, al permitir aumentar la movilidad articular y la elasticidad muscular. Ayudan, también, a prevenir lesiones al permitir mayores grados de movimiento a las articulaciones, lo que se traduce en una mayor dificultad para sufrir distensiones, contracturas…

Automasaje

No todo el mundo tiene el tiempo ni el dinero para acudir periódicamente a una clínica de masajes, y en tales casos se hace precisa una alternativa más económica e igualmente efectiva. El automasaje, como su nombre indica, es un masaje que uno mismo se puede aplicar sobre distintas partes del cuerpo y empleando diversas técnicas.

La ducha resulta esencial después de un duro entrenamiento, ya que ayudará a relajar los músculos y los preparará para que el automasaje resulte más efectivo.

Adquirir aceite de almendra u otro producto específico de características similares para la aplicación del masaje permitirá que la mano resbale mejor sobre la piel, facilitando la tarea.

Una buena preparación para el masaje puede consistir en pasarse entre cinco y diez minutos antes de empezar con las piernas elevadas con respecto al resto del cuerpo, favoreciendo así que la sangre «estancada» en las piernas retorne con mayor facilidad al corazón y se vaya depurando.

El automasaje empezará de arriba hacia abajo –cuello, hombros, espalda, muslos, pierna y pie– o al revés –pero siempre siguiendo un orden concreto– e irá aumentando en intensidad.

Las técnicas más sencillas de utilizar por el neófito son los amasamientos y las fricciones. Los primeros consisten en realizar un recorrido a lo largo de todo el músculo –conviene echar un vistazo a libros de anatomía para comprobar dónde empieza y dónde acaba cada grupo muscular– con las manos amasando la musculatura.

En el caso de músculos anchos y planos, como los de la espalda, el amasamiento se aplica cogiendo el músculo con el dedo pulgar por un lado y con el índice y el corazón por el otro, realizando pequeños movimientos circulares siempre en dirección hacia el corazón. Las fricciones, por su parte, son movimientos rápidos circulares realizados con ambas manos colocadas de forma plana que producen un aumento rápido del calor local y tienen un efecto analgésico sobre la musculatura, eliminando los dolores asociados al ejercicio intenso. Los amasamientos favorecen la circulación sanguínea y constituyen un método idóneo para que el músculo se libere de las sustancias de deshecho.

Texto: GJB

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